El silencio del corazón

"La dulce melodía del alma, que el corazón canta y la razón acompaña"

12 jun. 2011

TE DEVUELVO LA VIDA QUE ME DISTE


No resuelvo lo que estoy pensando porque no alcanzo a expresarlo, a definirlo, a contenerlo en una simple idea o concepto… y si no puedo eso, ¡seguro es un misterio! que por la fe podría sostenerlo y al mismo tiempo creo que eso de estar pensando tanto, podría hacer que me sienta esclava o tal vez libre… y sea aún más difícil no pensar en nada… que a veces es lo que hace falta.

Piensas todo el tiempo, lo más mínimo y es que nada hace el cuerpo sin pensarlo. O bueno en ocasiones parece que resulta mecánico, como si estuviera programado; como si estuviera a mando de un bucle repetitivo que termina cuando la condición indica que el pensamiento dormido ha despertado.

Piensas tanto para construir y destruir… se arman tantas cosas que crees poder hacer… ¡sólo en tu mente! y en segundos se destruyen por completo a causa de otro pensamiento de tu misma mente. Estas de ida y en segundos de vuelta… estás animado y al rato te desanimas… al parecer estaba todo claro y luego de segundos se torna confuso… todo lo creas y destruyes en la mente.

Por eso pensar puede ayudar mucho… pero también puede no ser tan útil, has escuchado decir: “eres el resultado de lo que piensas”… te contentarías con saber que eres eso… yo no. Y es que el pensamiento puede no seguir un orden, puede ser tan fuerte y a la vez tan frágil… puede tener un sentido y después tomar el contrario… puede ser liberador y al mismo tiempo esclavizante. Por eso creo que no eres sólo el fruto de lo que piensas, eres mucho más… tampoco te diré quién eres… porque el único que tiene la respuesta adecuada para ti “hermoso misterio” es quién te ha creado. Si crees que vienes de la nada ¿serás nada?... no sé como manifestar todo lo que viene a mi mente, pero para mí prefiero creer que soy su hija… que estoy aquí porque me ama y que sólo Él, mi Padre; me conoce perfectamente. Sólo Él sabe quién soy y sólo con Él puedo descubrirme y sin engaños ser yo, lo estoy pensando...

A veces tengo ganas de decirle: “Te devuelvo la vida que me diste”, y resulta que importa el ¡cómo lo diga!... podría mi actitud ser de confiado abandono – humildad, porque cansada de equivocarme; quisiera devolverle la vida que me ha dado para que haga conmigo lo que Él quiera, dócilmente someterme a su voluntad. Pero también podría ser una actitud de completo desprecio por la vida, de creer que no hay remedio para sanar el dolor que me han causado, que la vida injustamente me ha tratado, de creerme víctima del infortunio, de creer que a nadie importo y que no tiene sentido seguir aquí, de creer que no existe Dios, Él que todo el tiempo me ha amado, de negar la verdad del amor… ¿crees que está bien pensar así?... si eso me hace manifestar: “Te devuelvo la vida que me diste”, mejor convendría pedir la oportunidad de seguir aquí… para no irme triste, para irme feliz de haber perdonado el daño que puede haber soportado, feliz de haber enderezado el camino equivocado, feliz de haber logrado el sueño anhelado, feliz de haber reparado un corazón destrozado, de haber vivido amando a mis hermanos y de haber servido hasta que me haya ido. Eso mejor valdría ¿verdad?.

Así que; si quiero devolverte la vida… pero así completamente vivida, por eso me abandono a tus manos Señor, sabiendo que las maravillas las haces tú… pero las haces conmigo, escribes el libreto de mi vida; respetando mi voluntad, pues me has dado libertad. Tanto me amas que confías en mí… tanto me amas que perdonas mi error, tanto me amas, que aunque no lo merezca y a veces tu silencio me haga sentirte ausente, estás tan cerca de mí y cuando más te necesito estás ahí… ahí donde nadie más llega, en las profundidades de mi ser… ese que Tú conoces perfectamente y que en ocasiones se ha sentido abandonado por todo y por todos, solos tu y yo una vez más.

manaveliza

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