El silencio del corazón

"La dulce melodía del alma, que el corazón canta y la razón acompaña"

17 may. 2017

EN UN ABRIR Y CERRAR DE OJOS PARTIÓ

Incomunicada anduve algunos días, no muchos pero en el trascurso pasó algo y no pude enterarme a tiempo, me sentí triste luego por lo que leían mis ojos, había partido a la morada celestial el hermano de un amigo y ya había pasado el sepelio, conocíamos de la situación sus compañeros y amigos de trabajo, estaba mal; las esperanzas de que recupere el movimiento de sus extremidades, eran casi nulas a criterio de los médicos, un tumor cerebral; consumía su vida de a poco. Yo, era incapaz de preguntarle a él cómo seguía su hermano; sentía que se quebrantaba, me pasaba lo mismo poniéndome en sus zapatos; imaginar cualquier pérdida o tragedia cercana, con algún ser amado en mi caso, me hacía estremeser, sentir y desear que no pase algo así en la vida de nadie.

Imagino que es muy grande el dolor, aún más; cuando te debates tratando de hacer hasta lo imposible por cambiar el curso de lo que vemos venir. No me quiero atrever a pronunciarlo; el miedo más grande ocurre, cuando amando tanto nos reprimimos y no decimos a nuestros seres queridos lo importante que son en nuestras vidas y lo mucho que les amamos, no transmitimos a nuestros amigos, compañeros y hermanos a nuestro alrededor, el afecto; el sincero aprecio, nunca es tarde para intentarlo, si... demasiado tarde; no hacerlo ahora. Me temo que me ha pasado, que por estar perdida en mis pensamientos del día a día, de lo que espero, me distrigo mucho; y lo que debo expresar ya no lo expreso, o me dentengo muchas veces por creer que los demás pueden mal interpretar mi manera de ser y la coordialidad permanente, pueda ser vista como actos de adulamiento.

Casi no hago nada,  en definitiva a las personas que tengo cerca; pareciera molestarles mi seriedad en las cosas que merecen respeto, mi fe, mi tratar de poner un pensamiento diferente y la actitud de reproche sobre conductas con las que no puedo estar de acuerdo, tampoco habría razón para condenar o juzgar a quien procede contrariamente. Quisiera gritar muchas veces, y hacer caer en cuenta; a la gente que se queja frecuentemente de la realidad en que vivimos, que todo lo que ocurre es por nosotros mismos. Los padres se abandonan, por no decir; evaden la responsabilidad de una buena educación a sus hijos, no hago referencia a la colegiatura que puedan darles o al nivel de estudio universitario o superior al que puedan proyectarles, concretamente me refiero a la calidad humana, a los valores, al vivir bien, al ser honesto y transparente en las acciones. No son todos, pero si la mayoría los que caminamos por la vida en un ir y venir, sin la más sana satisfación de terminar el día, agotados realmente; porque en verdad vivimos lo que quisimos vivir, no cansados por la rutina, que nos acostumbramos a cargar sobre los hombros a todos lados; porque nos sentimos prisioneros hasta por el trabajo o las cosas que realizamos.

La verdad cae al piso y todos pasan por encima muy campantes, la dignidad de cada persona tiene valor, pero le pusieron muy bajo precio al clasificarla. Todos tenemos la dignidad de ser hijos de Dios y ninguna religión, ateo, o grupo sectario, pueden decir lo contrario; somos sus hijos muy amados pero somos unos hijos muy desobedientes, desagradecidos, infelices y tercos también. Tenemos un Padre totalmente amoroso y generoso, totalmente poderoso, y no le tenemos por héroe, no le amamos y casi nada dialogamos con Él, tenemos un Padre que cuida siempre de nosotros y nos sentimos abandonados por Él en cada circunstancia adversa, tenemos un Padre que respeta nuestra libertad y nos deja ser, sin embargo; nos hacemos prisioneros al rato o nos victimizamos, porque nuestros pensamientos y conducta; se alejan caprichosamente de lo que Él considera bueno para nosotros, de hacia dónde Él, trata de conducirnos y llevarnos; en conquista de un tesoro verdadero (nuestro ser, nuestro espíritu), pero nuestros ojos; se absortan con las pequeñeces de la tierra y se quedan cortos, para ver los grandes planes que Él desde que nos pensó, ya trazó en nuestra peregrina vida.

Realmente somos unos locos; llamando locos a los cuerdos, realmente sabemos lo que es bueno y es absurdo ya no desear tanto ser bueno, mejor fama tiene el que se pasa de vivo, el que no se deja, el que entre comillas "se hace respetar" con un vocabulario vulgar y soez, o el que se engrandece en su ego, por no creer en Dios y no sentir la necesidad y dependencia de Él. Aquel que se cruce con lo que acabo de escribir y no lo quiera notarlo; es un necio, si se atreve a pensar: que Dios no es Alguien Vivo y Presente sin límites de espacio y tiempo. Dios es amor y vive, ¡no nos necesita!, pero nosotros; ¡si le necesitamos!, no nos abandona hagamos lo que hagamos, porque es Amor Infinito, sólo que... nos cerramos sin palpar, de que negando su existencia e imposibilitando a su divina presencia; actuar en nosotros, nos hacemos tanto daño.

No es mucho el tiempo que estaremos vivos en la tierra, no es mucho el tiempo que tenemos para asumir con fe, que lo único necesario para vivir a plenitud, es amar; como Dios quiere, no me sorprende la facilidad en que Él trata de simplificarnos la vida, solamente en que sepamos acoger su Santa Voluntad. Ya mucho se discute sobre un sin sentido, que nos lleva a movernos por el mundo de forma egoista y tristemente vacía, enamórate de la verdad y Dios hará el resto.

Se que Dios abraza el corazón de cada hijo suyo y creo que el hermano de mi amigo ahora está en su Santa Gloria, en su Divina Presencia Celestial. Padre Santo y Bueno, concede fe y valor a su familia, son momentos difíciles en los que sólo Tú, puedes aliviar y poner paz.


De corazón a corazón,

Manaveliza

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